
La historia de Charly Musonda es una de las más dolorosas del fútbol moderno. El mediocampista belga, considerado en su día uno de los mayores talentos de su generación en Stamford Bridge, vivió un calvario que casi terminó con su carrera antes de cumplir los 25 años.
Todo comenzó durante un amistoso internacional en Amberes, cuando un rival le clavó los tacos en la rodilla. Lo que parecía una baja de dos meses se convirtió en casi cuatro años de ausencia. La lesión afectó al ligamento posterior cruzado (PCL), una lesión extremadamente inusual en el fútbol profesional para la que normalmente se evita la cirugía por el riesgo de alterar la explosividad del jugador.
Tras regresar al Vitesse cedido y recaer de nuevo, Musonda buscó respuestas por su cuenta. Su médico privado recomendó la operación, pero el Chelsea se negó inicialmente durante un mes. Finalmente, el club cedió. Sin embargo, la pandemia del coronavirus llegó en medio de su recuperación de entre ocho y diez meses, limitando su acceso a las instalaciones del club.
Desesperado, Musonda financió de su propio bolsillo un fisioterapeuta privado en Dubái, decisión por la que fue multado, pero que según él fue clave para su recuperación.
Cuando por fin regresó, el técnico Thomas Tuchel le prometió en el aparcamiento del estadio que contaría con él para la pretemporada. Sin embargo, Petr Cech y Carlo Cudicini le ofrecieron renovar por la mitad de su salario y marcharse cedido. Viajó con el equipo a Irlanda para la gira de verano, donde contrajo COVID-19. Otro golpe más.
"Habría jugado gratis esa temporada para demostrar lo que valía. Sabía desde septiembre que no iba a jugar. Me destrozó por dentro. El Chelsea era donde quería triunfar", confesó el propio Musonda, quien llegó a escuchar que solo tenía un 20% de posibilidades de volver a jugar al fútbol profesional. Una historia de talento, mala suerte e incomprensión institucional que merece no ser olvidada.
Fuente original: BBC Sport Football