
La eliminación de Gales en los playoffs de clasificación para el Mundial ha dejado una serie de interrogantes sobre la gestión del equipo tanto dentro como fuera del campo. El partido ante Bosnia fue el ejemplo más claro: varios aficionados criticaron los cambios realizados mientras el combinado galés perdía el control del encuentro y, con él, sus opciones de clasificación.
Craig Bellamy evitó señalar la falta de profundidad en la plantilla como excusa, aunque lo cierto es que fue un factor determinante. Uno de los objetivos del técnico ha sido desterrar la imagen de Gales como una "nación futbolística pequeña", un discurso que ha calado hondo en el fútbol galés. Sin embargo, la realidad fue que el equipo no pudo afrontar las bajas en los momentos más decisivos.
El capitán Aaron Ramsey no participó en toda la campaña. Ben Davies, del Tottenham, ejercía como voz experimentada y tranquilizadora en la defensa, pero las lesiones le apartaron de los dos últimos partidos de la fase regular y también de los playoffs. Connor Roberts, pieza clave bajo las órdenes de Bellamy desde sus tiempos en el Burnley, lleva un año sin competir. A estos se suman el defensa Chris Mepham y el delantero Kieffer Moore, lo que dejó al equipo sin un total de 354 caps de experiencia acumulada para las eliminatorias.
Por si fuera poco, Bellamy tuvo que apoyarse en jugadores fuera de su mejor forma, como Brennan Johnson, o con escasos minutos en sus clubes, como Dan James.
Con todo, el futuro no carece de motivos para el optimismo. El desarrollo de jóvenes promesas como Dylan Lawlor, del Cardiff City, genera ilusión, y la plantilla —al igual que su entrenador— tiene margen real de crecimiento. Pero el cúmulo de adversidades pasó factura y dejó a Gales fuera de la cita mundialista.
Fuente original: BBC Sport Football