
La República de Irlanda tiene una relación tormentosa con los penaltis. Ya lo sufrió contra España en el Mundial de 2002 y contra Eslovaquia en los play-offs de la Eurocopa 2020, pero esta vez el golpe duele más: los irlandeses llegaron a verse ganando 2-0 y aun así perdieron el control de su destino en Praga.
"Estábamos en una buena posición", reconoció el capitán Nathan Collins a BBC Sport NI. "Jugábamos muy bien, presionábamos con eficacia, generábamos ocasiones y les hacíamos daño con el balón. El momento en que marcaron su primer gol nos sacudió y nos quitó el impulso. Tenían mucho por lo que luchar en la segunda parte, y creo que todo giró en torno al timing de ese tanto más que al nivel de nuestra actuación."
Había una cierta ironía amarga en la forma en que se selló el destino irlandés, especialmente después de que el seleccionador Hallgrimsson confesara antes del partido que su equipo no había practicado penaltis durante la semana de preparación.
Eso, sin embargo, no afectó a la sangre fría de Troy Parrott desde los once metros. El delantero referente ya había convertido en Budapest y volvió a hacerlo con precisión en Praga para abrir el marcador, tras una larga espera motivada por las protestas del equipo local. En la tanda, Parrott no falló, y tampoco lo hicieron Adam Idah ni Robbie Brady. Pero Azaz y Browne, quien también erró en la tanda ante Eslovaquia, fueron detenidos por Kovar, dejando a Irlanda fuera de la competición.
"Ahora mismo tienen muchos pensamientos en la cabeza", añadió Collins, que golpeó el travesaño en los primeros compases del encuentro. "No es fácil encontrar las palabras adecuadas para alguien que acaba de vivir eso. Pero no mucha gente tiene el valor de pararse ante un penalti en un momento así. Lo que hicieron requirió mucha valentía y nadie aquí les va a señalar con el dedo."
Una derrota dura, pero también una señal de crecimiento para un equipo que compitió de tú a tú hasta el final.
Fuente original: BBC Sport Football