
El breve e infructuoso paso de Tudor por el banquillo del Tottenham llegó a su fin tras apenas 44 días, dejando a todos con la sensación de que fue un error desde el primer momento. Su fichaje, que olía a decisión desesperada por parte de la directiva de los Spurs, se basaba en su supuesta capacidad para generar un impacto inmediato. Esa chispa nunca llegó a encenderse.
Tudor se convirtió en el primer entrenador de la historia del club en perder sus primeros cuatro partidos al frente del equipo, arrancando con una dolorosa derrota en casa por 4-1 ante el Arsenal. Su estilo directo y tajante no logró sacar más rendimiento al vestuario del que había obtenido su predecesor Frank con métodos más cercanos. La conexión con los jugadores simplemente no existió, y la continua rotación táctica evidenciaba que el técnico no encontraba la fórmula para sacar partido a un equipo en descomposición.
El momento más oscuro llegó en la ida de los octavos de final de la Champions League ante el Atlético de Madrid. Tudor apostó por el joven portero checo Antonin Kinsky por delante del titular Guglielmo Vicario, pero tuvo que retirarlo a los 17 minutos tras dos errores groseros que dejaban el marcador en un 3-0. El resultado final fue una goleada por 5-2. Para colmo, Tudor fue criticado por ignorar a Kinsky cuando abandonó el campo, siendo sus propios compañeros, junto a Conor Gallagher y Dominic Solanke, quienes bajaron al túnel a consolarlo.
Hubo algún destello esperanzador, como el empate ante el Liverpool o la salida digna en Champions ante el Atlético, pero todo quedó borrado por la humillante derrota en casa por 3-0 frente al Nottingham Forest el pasado domingo.
En su descargo cabe señalar que Tudor recibió un equipo devastado por las lesiones y hundido en la desconfianza. Nada garantiza que otro técnico lo hubiera hecho mejor. Sin embargo, este episodio habla muy mal de quienes toman las decisiones en lo alto del club.
Fuente original: BBC Sport Football