
Kevin Keegan fue mucho más que un futbolista: fue un símbolo de una época dorada. A mediados de la temporada 1976-77, anunció con valentía y honestidad que dejaría el Liverpool al final de la campaña, dando tiempo al club para fichar a Kenny Dalglish como sucesor. Una decisión que, lejos de restar grandeza a su despedida, la engrandeció.
Su último partido con los Reds fue, sencillamente, histórico. En la final de la Copa de Europa disputada en Roma, Keegan hizo sufrir al gran defensor alemán Berti Vogts durante los noventa minutos, contribuyendo a una victoria por 3-1 ante el Borussia Mönchengladbach. Liverpool conquistaba su primera Copa de Europa y Keegan se marchaba por la puerta grande, dejando un registro de 100 goles en 323 partidos.
Aunque sonó el nombre del Real Madrid, su destino fue el Hamburgo, donde confirmó que era de los mejores del mundo. Allí ganó la Bundesliga en la temporada 1978-79 y se adjudicó el Balón de Oro en dos ocasiones consecutivas, en 1978 y 1979. La decepción llegaría en la final de la Copa de Europa de 1980, cuando cayeron ante el Nottingham Forest.
En Alemania, Keegan no solo conquistó estadios: conquistó corazones. Su actitud cercana y su disposición para integrarse en la cultura local lo convirtieron en un ídolo popular más allá del fútbol. Su imagen protagonizó campañas publicitarias mundiales, incluyendo el famoso anuncio de la colonia Brut junto al boxeador Henry Cooper. Incluso grabó una canción, Head Over Heels In Love, que alcanzó el número 10 en las listas alemanas.
En 1980 regresó a Inglaterra para jugar en el Southampton, donde siguió brillando hasta ganar el Premio de la Asociación de Futbolistas Profesionales en 1982, rodeado de leyendas como Alan Ball y Mike Channon. Una carrera tan brillante como irrepetible.
Fuente original: BBC Sport Football