
La derrota en casa ante el Leeds, la primera en Old Trafford desde 1981, abrió la veda de las críticas. La calma que antes se consideraba una virtud pasó a ser un defecto. La mesura se interpretó como parálisis. Durante toda la semana, la misma pregunta sobrevoló el ambiente: ¿está Carrick a la altura?
Lo que se vivió en Stamford Bridge no fue un espectáculo de fútbol vistoso. Pero cuando solo Ole Gunnar Solskjaer, entre todos los técnicos del Manchester United en la era post-Ferguson, había logrado ganar en ese estadio, el resultado importaba mucho más que la forma.
El Chelsea golpeó tres veces en los postes y fue el equipo más consistente sobre el terreno de juego. Sin embargo, quien se llevó los tres puntos fue el equipo de Carrick. "Era un partido para sacar un resultado", admitió el propio técnico. "Y lo logramos."
Pero hubo más mérito del que refleja el marcador. Carrick afrontó el encuentro sin Matthijs de Ligt, lesionado, y sin Lisandro Martínez ni Harry Maguire, ambos sancionados. Como si fuera poco, a pocos días del partido, una lesión de entrenamiento dejó también fuera a Leny Yoro. Con cuatro centrales de baja, la improvisada pareja defensiva formada por Noussair Mazraoui y el joven Ayden Heaven apenas pudo ensayar con sesiones de trabajo táctico sin balón.
Heaven, de 19 años, no había tenido ningún minuto bajo las órdenes de Carrick. Su debut había llegado de la mano de Ruben Amorim y luego de Darren Fletcher. Aun así, el canterano respondió con una actuación mayúscula.
"Ayden no ha jugado mucho últimamente y enfrentarse a ese entorno no es algo que pueda darse por sentado", valoró Carrick. "Siempre les decimos a los jóvenes que estén preparados porque nunca saben cuándo llegará su oportunidad. Él estaba listo y la aprovechó de manera magnífica."
Fuente original: BBC Sport Football
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