
La presión sobre Liam Rosenior y la propiedad del Chelsea no deja de crecer. Antes del último partido en Stamford Bridge, más de 500 aficionados se manifestaron desde el pub The Wolfpack Inn hasta el estadio, una cifra que casi triplicó los 200 asistentes que protestaron antes del encuentro ante el Brentford. Bengalas, pancartas y cánticos contra los dueños BlueCo —con Eghbali y Boehly en el punto de mira— marcaron el ambiente, mientras algunos seguidores pedían el regreso de Abramovich con nostalgia.
La situación en los despachos no es más tranquilizadora. El club ha registrado pérdidas récord en la Premier League antes de impuestos y sigue bajo la lupa de la UEFA por incumplimientos financieros, habiendo recibido ya sanciones económicas. Desde la compra en 2022, el conjunto londinense ha invertido alrededor de 1.500 millones de libras en fichajes y, aunque ha recuperado aproximadamente 750 millones con ventas, el equilibrio financiero sigue siendo un desafío mayúsculo.
La clasificación para la Champions League se convierte así en algo más que deportivo. Cole Palmer fue contundente antes del partido: "Si no estamos en la Champions League, todo cambia". Rosenior, por su parte, reconoció no tener respuestas claras sobre las consecuencias, aunque aseguró que el equipo seguirá peleando hasta el final.
El propio agente de Enzo Fernández, Javier Pastore, admitió que su cliente considera un problema serio no disputar fútbol europeo de élite la próxima temporada, a pesar de que el centrocampista regresó este sábado tras cumplir dos partidos de sanción interna por sus supuestos vínculos con el Real Madrid.
Eghbali reconoció públicamente que el modelo necesita ajustes e incorporar jugadores con más experiencia. Sin embargo, las palabras de los dueños generan cada vez menos credibilidad entre una afición que ve cómo el silencio en Stamford Bridge crece partido a partido.
Fuente original: BBC Sport Football