
Hay algo que distingue a Guardiola de todos los demás: sus colaboradores más cercanos no solo se marcharon para buscar nuevos horizontes. Regresaron. Y quienes lo conocieron o estudiaron su metodología se convirtieron en sus propios rivales: Mikel Arteta, Vincent Kompany, Enzo Maresca, Roberto de Zerbi, Luis Enrique. Algunos asistieron a sus reuniones, absorbieron sus ideas y luego volvieron para competir contra él. No existe precedente histórico para esto. Ferguson tuvo rivales. Paisley también. Pero Guardiola ha tenido que pelear títulos contra entrenadores a los que él mismo formó. Y aun así siguió adaptándose, evolucionando y ganando.
Sería deshonesto ignorar la Champions League. Solo una Copa de Europa en diez años en el City —aunque fue la primera del club— revela tanto la dificultad de la competición como los desafíos que aún tiene por delante. Guardiola mismo reconocería esa limitación.
Pero hay que considerar algo más profundo: cambiar el juego es una cosa; cambiar cómo la gente entiende el juego es algo completamente distinto. El fútbol es un deporte conservador que resiste el cambio de forma instintiva. Muchos aficionados veteranos reconocen, con genuina frustración, que el fútbol de Guardiola no es el fútbol que ellos conocen. Tienen razón, y ese es precisamente el punto. Cruyff lo hizo. Arrigo Sacchi lo insinuó. Guardiola lo ha hecho a gran escala, en tres países, durante tres décadas, y su influencia sigue expandiéndose por los árboles genealógicos del entrenamiento en Inglaterra, España, Alemania y más allá.
Su legado descansa sobre cuatro pilares: ganó a un ritmo histórico en tres países distintos, transformó la forma de jugar al fútbol, modificó la manera de pensarlo, y lo hizo con un estilo que se estudiará mucho después de que los 20 títulos conquistados en diez extraordinarios años en el City sean olvidados.
¿El mejor? La pregunta importa menos que lo que deja atrás: un deporte que piensa de manera diferente gracias a él. Y Guardiola, mientras cierra este capítulo en Manchester, ya quiso influir en la elección de su sucesor. Porque nunca estuvo construyendo solo un equipo de fútbol, sino una idea que trasciende generaciones.
Fuente original: BBC Sport Football