
Durante la primera mitad del partido, Inglaterra desplegó una serie de ataques directos repletos de peligro que pusieron en aprietos a su rival.
El plan del equipo inglés comenzaba con pases hacia atrás para atraer la presión alta del adversario. En ese esquema, Declan Rice se desplazaba hacia una posición amplia, abandonando el centro del mediocampo y liberando un espacio que Harry Kane aprovechaba para retroceder y recibir el balón en zonas más profundas.
Con Croacia presionando en bloque alto, Kane se convertía en el pivote del juego y desde allí lanzaba pases largos en profundidad para los corredores ingleses: Anthony Gordon, Jude Bellingham y Noni Madueke. En varias ocasiones, este tridente ofensivo se encontró en situaciones de tres contra tres frente a la defensa rival, generando ocasiones de gol muy claras.
Sin embargo, este atractivo sistema ofensivo tiene su precio. Al vaciar el centro del campo con los movimientos de Rice, la responsabilidad de cubrir esas zonas recaía en el propio Kane en lugar del centrocampista del Arsenal. Esto dejaba expuesta la estructura defensiva inglesa cada vez que se perdía el balón en fases tempranas de la construcción del juego.
Esta dualidad táctica explica en parte los momentos de inestabilidad defensiva que mostró Inglaterra. El equipo luce brillante cuando genera peligro, pero la falta de equilibrio entre las líneas sigue siendo una asignatura pendiente que el cuerpo técnico deberá resolver si quiere competir al máximo nivel en los partidos de mayor exigencia.
Fuente original: BBC Sport Football