
Era el 2 de mayo de 2009. El escenario, el Santiago Bernabéu. La Liga. Guardiola tomó una decisión que marcaría una era: retiró a Messi del extremo derecho y lo colocó en la punta del ataque, pero sin las responsabilidades de un delantero centro tradicional. Eto'o se fue a la derecha, Henry a la izquierda, y al argentino se le encomendó una misión diferente: bajar, recibir y decidir. El resultado final fue 6-2. El falso nueve había resucitado.
La idea no era nueva. En 1953, el seleccionador húngaro Gusztav Sebes ya había desconcertado a Inglaterra en Wembley con un 6-3 histórico, usando a Nandor Hidegkuti como pivote retrasado para abrir espacios a Puskas y Kocsis. Johan Cruyff también había ejercido ese papel itinerante dentro del Fútbol Total de Rinus Michels.
Con Messi en esa posición, el Real Madrid se encontró ante un problema sin solución. Si sus centrales le seguían, dejaban un agujero. Si se quedaban, le regalaban metros de ventaja. Con Xavi, Iniesta y Yaya Touré detrás y los extremos estirando la defensa, cada decisión rival era incorrecta.
Guardiola repitió la fórmula semanas después en la final de la Champions League ante el Manchester United. Messi marcó de cabeza a veinte minutos del final.
Entre 2011 y 2013, el argentino anotó 96 goles en apenas 69 partidos de Liga. El Balón de Oro que llegó en 2009 se convirtió casi en propiedad privada: lo ganó también en 2010, 2011, 2012, 2015 y 2019, hasta acumular ocho. El primero lo conquistó con 22 años; el último, con 36.
"Antes no prestaba demasiada atención a la táctica", reconoció Messi en 2024 ante el periodista Juan Pablo Varsky. "Pero con Guardiola aprendí muchísimo. Empecé a entender los espacios, la posesión, cómo funciona realmente el juego."
Fuente original: BBC Sport Football