
La historia de Desmond Armstrong con el fútbol comenzó frente a un televisor en los suburbios estadounidenses. Su familia, originaria del sureste de Washington DC, se mudó cuando era joven a un barrio mayoritariamente blanco en Maryland, donde trabó amistad con el hijo de un entrenador de fútbol. Fue ese entrenador quien un día lo llamó para mostrarle algo en la pantalla: un brasileño con la camiseta del New York Cosmos. Era Pelé.
"Sus movimientos me recordaban a los bases de baloncesto, pero lo hacía con el balón en los pies", recuerda Armstrong. "Era uno de los pocos jugadores negros del equipo, y eso me conectó con él."
Mientras Pelé popularizaba el fútbol en Estados Unidos, el deporte en ese país ya estaba construido sobre privilegios económicos. A diferencia de las academias europeas y sudamericanas —donde clubes como Ajax o Barcelona invertían en jóvenes talentos—, el desarrollo futbolístico estadounidense funcionaba bajo un modelo de pago por participación. Las familias debían asumir costos elevados, lo que cerraba la puerta a los hogares menos acomodados.
"Es casi lo opuesto a lo que representa este deporte", señala Frank Dell'Apa, columnista del Boston Globe con cuatro décadas cubriendo el fútbol. "Este es el juego más simple y accesible del mundo. En todas partes se juega sin dinero, sin balones, sin zapatos. Aquí teníamos justamente lo contrario."
Armstrong reconoce que su historia podría haber sido muy distinta. "Si mi familia no se hubiera mudado a los suburbios, definitivamente no hubiera jugado al fútbol", afirma.
La desaparición de la NASL en 1985, cuando él era universitario, eliminó gran parte de las opciones profesionales disponibles. Se volcó entonces a la Major Indoor Soccer League, donde sus actuaciones le valieron el debut con la selección masculina en 1987 y un lugar en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
Con Estados Unidos designado como sede del Mundial de 1994, la federación apostó por contratar a tiempo completo a un grupo de jugadores como Armstrong, creando una especie de selección-equipo profesional. Un esquema inusual, con tintes de bloque del Este, liderado por el entrenador germano-húngaro Bob Gansler. Su misión: clasificar al Mundial de Italia 1990. Una tarea casi imposible.
Fuente original: BBC Sport Football