
A doce minutos del final del tiempo reglamentario, Egipto rozaba el mejor resultado de su historia en una Copa del Mundo. Los Faraones vencían 2-0 a Argentina, actual campeona del mundo, en el Atlanta Stadium, con un cuarto de final histórico al alcance de la mano. Pero en cuestión de minutos, todo se derrumbó de la peor manera posible.
Cristian Romero recortó distancias en el minuto 79 y encendió las alarmas en el equipo africano. La reacción de pánico llegó cuando el capitán argentino Lionel Messi, quién si no, firmó el empate a dos en el 83. Para rematar la faena, Enzo Fernández culminó una remontada histórica con un cabezazo en el minuto 92 que desató la locura entre los aficionados albicelestes.
La derrota fue durísima, pero la rabia egipcia no solo nació del marcador. El VAR anuló un segundo gol de Mostafa Zico por una falta previa de Marwan Attia sobre Lisandro Martínez, considerada leve por muchos. Además, los jugadores egipcios reclamaron con vehemencia un penalti sobre Mohamed Salah en el área argentina, instantes antes de que se produjera el gol definitivo.
Cuando el árbitro francés François Letexier pitó el final, varios futbolistas egipcios cayeron al suelo, abatidos e incrédulos. El seleccionador Hossam Hassan no se mordió la lengua en la rueda de prensa posterior: "Hemos sufrido una injusticia. Hubo aspectos negativos dentro y fuera del campo, una falta total de credibilidad en cómo se desarrollaron los acontecimientos".
Hassan fue más allá y apuntó directamente hacia una posible protección institucional al astro argentino: "Quizás querían mantener al campeón del mundo en la competición. Quizás querían que Messi siguiera adelante. El campeón recibió apoyo a todos los niveles. Parece que hubo presiones del lado argentino para que el resultado fuera este". La FIFA no ha respondido a las peticiones de comentario por parte de la BBC.
Fuente original: BBC Sport Football