
Inglaterra avanzó a los octavos de final del Mundial tras superar con apuros a la República Democrática del Congo por 2-1, pero ahora enfrenta un rival que va más allá del fútbol: la altitud. Su próximo partido ante México se disputará en el mítico Estadio Azteca de la Ciudad de México, ubicado a 2.240 metros sobre el nivel del mar.
Esta será la primera visita de los Tres Leones al emblemático recinto desde aquel polémico cuarto de final del Mundial de 1986, cuando cayeron ante Argentina en uno de los partidos más recordados de la historia del fútbol.
A esa altura, la presión barométrica es significativamente menor, lo que reduce la cantidad de oxígeno que el organismo absorbe con cada inhalación. Para los futbolistas profesionales, las consecuencias son claras: mayor frecuencia cardíaca, dificultad para respirar, deshidratación y una fatiga más intensa y prematura. Como referencia, el estadio más elevado del fútbol inglés profesional es The Hawthorns del West Bromwich Albion, situado a tan solo 168 metros, catorce veces más cerca del nivel del mar que el Azteca.
México, en cambio, juega en casa y conoce perfectamente estas condiciones. El Tri ha disputado 14 encuentros en el Azteca durante la presente década, anotando 23 goles y encajando solo cuatro. Su historial competitivo en este estadio es demoledor: 70 victorias en 89 partidos, 17 empates y apenas dos derrotas, además de mantenerse invictos en sus 10 juegos mundialistas en el coloso de Santa Úrsula.
"Como rival, sabes que cuando vas ahí vas a sufrir", advierte Pavel Pardo, exkapitán del Tri y exjugador del Club América. Sus palabras resuenan como una advertencia para un equipo inglés que deberá gestionar el desgaste físico, adaptar su sistema de juego y encontrar estrategias para minimizar el impacto de un enemigo invisible pero determinante: el aire enrarecido del altiplano mexicano.
Fuente original: BBC Sport Football