
Marc Gregoire vivió en primera persona el racismo más crudo del fútbol inglés durante su etapa en el Sunderland a finales de los años 70, y después de más de cuatro décadas ha decidido contar su verdad.
Nacido en 1958 en el barrio de Toxteth, Liverpool, hijo de padres caribeños de la isla de Dominica pertenecientes a la llamada Generación Windrush, Gregoire se crio en Bradford. Su llegada a Sunderland supuso un choque cultural brutal: en 1981, apenas el 1% de los casi 300.000 habitantes de la ciudad era de origen afrocaribeño. Para contextualizarlo, en 1978 —año en que Viv Anderson se convirtió en el primer jugador negro en debutar con la selección absoluta de Inglaterra— un quinto de los 92 clubes de la Football League todavía no había fichado a ningún jugador negro.
"Solo conocía a otro hombre negro en Sunderland, estudiaba en el politécnico", recuerda Gregoire, quien confiesa que aquella fue una etapa de gran soledad, aunque reconoce que compañeros como el capitán de la FA Cup de 1973, Bobby Kerr, y el centrocampista Mick Docherty le hicieron sentir bienvenido durante su primera temporada, en la que disputó ocho partidos.
Sin embargo, el punto de inflexión llegó en la gira de pretemporada de 1978 por Kenia. Tras un partido, un compañero de equipo se limpió las manos en su camiseta después de interactuar con niños locales. "Pensé que era asqueroso. ¿Por qué en mí? ¿Por ser negro?", lamenta.
En una recepción posterior, la anfitriona estrechó la mano de todos los jugadores saltándose deliberadamente a Gregoire. Su respuesta fue contundente: abandonó la casa sin decir una palabra y esperó solo en el autobús del equipo. Lo que más le dolió no fue el insulto, sino la indiferencia de sus propios compañeros. "Nadie vino a ver cómo estaba. Me sentí abandonado", concluye con amargura.
Fuente original: BBC Sport Football
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