
La FIFA ha modificado las reglas que rigen las tablas de posiciones en el Mundial, y el impacto es mayor de lo que parece. El cambio más significativo tiene que ver con la posibilidad de que un equipo no solo clasifique, sino que también cierre su primer puesto en el grupo antes de disputar la tercera jornada.
Con el formato anterior, un equipo necesitaba cuatro puntos de ventaja sobre el segundo para asegurar el liderato tras dos partidos, algo que ocurría en raras ocasiones ya que requería que los otros dos duelos de la fase de grupos terminaran en empate. Ahora basta con tres puntos de diferencia para quedarse con el primer lugar anticipadamente, y eso puede lograrse de varias maneras: mediante dos empates en los otros encuentros, o bien que el líder haya vencido directamente a los equipos que lo persiguen.
El Grupo A ya es un ejemplo claro de este nuevo escenario. México ganó sus primeros dos partidos y acumula seis puntos, sacando tres de ventaja sobre Corea del Sur, mientras que República Checa y Sudáfrica apenas suman un punto cada una. Dado que el combinado azteca ya derrotó a los surcoreanos, ningún resultado puede arrebatarles el primer lugar aunque ambos terminen igualados en puntos. México, en consecuencia, ya tiene el grupo en el bolsillo y sabe que disputará un partido de los mejores 32 en Ciudad de México ante uno de los terceros clasificados.
Sin embargo, esta situación genera un efecto secundario relevante: México prácticamente no tiene nada en juego cuando enfrente a República Checa el próximo miércoles, lo que podría llevar al cuerpo técnico a rotar jugadores y dar descanso a sus titulares. Eso beneficiaría a los checos, que aún tienen opciones de clasificar automáticamente si Corea del Sur cae ante Sudáfrica.
Este sistema, que también se aplica en la Eurocopa, abre nuevas estrategias y desequilibrios que prometen hacer la fase de grupos mucho más dinámica e impredecible.
Fuente original: BBC Sport Football