
La histórica rivalidad entre Inglaterra y Argentina vuelve a ponerse bajo los focos del mundo en lo que promete ser el partido más importante para los Tres Leones en casi seis décadas. Una clasificación a la final del Mundial significaría mucho más que un simple triunfo deportivo.
El peso de la historia es inevitable. En el Azteca de México, en 1986, con la sombra de la Guerra de las Malvinas todavía presente, Diego Maradona inmortalizó su nombre con la infame "Mano de Dios" y un segundo gol de antología. Argentina ganó 2-1 y se alzó campeona del mundo.
En Francia 1998, la eliminatoria de octavos de final ofreció otro capítulo apasionante: el joven Michael Owen deslumbró al planeta con un golazo memorable, pero David Beckham fue expulsado tras una reacción impulsiva ante Diego Simeone, y Argentina volvió a eliminar a Inglaterra en los penaltis.
Cuatro años después, en Japón 2002, llegó la revancha para Beckham. El capitán inglés marcó de penalti el gol decisivo, aunque Argentina protestó enérgicamente alegando que Owen había simulado un foul cometido por Mauricio Pochettino, quien años más tarde se convertiría en entrenador del Tottenham.
El técnico inglés Thomas Tuchel reconoció el peso de este enfrentamiento: "Es una rivalidad enorme entre dos grandes naciones futbolísticas. Los jugadores son conscientes de esa historia. Cuando un partido acumula tantos momentos icónicos, no puedes decir que es un encuentro cualquiera."
Por su parte, el seleccionador argentino Lionel Scaloni, quien estuvo en el Mundial de 2006, señaló: "Todos tenemos historias de ese pasado y esa historia lo hace muy emotivo."
Es precisamente ese cargado trasfondo de rencores y glorias compartidas lo que eleva este duelo por encima de cualquier otra semifinal. Inglaterra ha disputado grandes partidos en los últimos sesenta años, pero ganar este significaría superar a todos y abrir la puerta a una final histórica el domingo contra España.
Fuente original: BBC Sport Football