
El calor extremo vuelve a ser protagonista en esta Copa del Mundo que comparten como sedes México, Canadá y Estados Unidos. La FIFA ya había implementado pausas obligatorias de hidratación de tres minutos en cada parte para todos los encuentros del torneo ante la amenaza de las altas temperaturas, aunque estas interrupciones se han mantenido incluso en condiciones más favorables.
México no es ajeno a los contratiempos meteorológicos en este torneo. Su partido de octavos de final frente a Ecuador tuvo que retrasarse una hora debido a una tormenta eléctrica que azotó la Ciudad de México. Ahora, el duelo del domingo ante Inglaterra amenaza con sufrir un nuevo ajuste horario.
El encuentro estaba programado para disputarse a primera hora de la tarde, cuando las previsiones apuntaban a unos 20 grados centígrados. Sin embargo, se baraja la posibilidad de adelantar el pitido inicial al mediodía, momento en que el termómetro podría alcanzar los 23 grados, lo que paradójicamente empeoraría las condiciones para los jugadores.
El Estadio Azteca, enclave histórico del fútbol mundial, añade otro factor determinante: la altitud. El recinto se eleva a 2.240 metros sobre el nivel del mar, lo que reduce la presión barométrica y disminuye el oxígeno disponible en el aire. Para los futbolistas profesionales, esto se traduce en mayor frecuencia cardíaca, falta de aliento, deshidratación y una fatiga más intensa y rápida.
El historial mexicano en su estadio de culto es casi imbatible: solo dos derrotas en 89 partidos disputados en el Azteca, un dato que no ha pasado desapercibido en el ambiente previo al partido.
No es la primera vez que el clima genera problemas en este Mundial. El duelo de la fase de grupos entre Francia e Irak se retrasó más de dos horas en Filadelfia por condiciones meteorológicas adversas. El pasado verano, el Club Mundial de Clubes celebrado también en Estados Unidos registró seis grandes interrupciones por tiempo a lo largo de sus 63 partidos.
Fuente original: BBC Sport Football