
La presencia del presidente Donald Trump en la final del Mundial elevó los protocolos de seguridad a niveles extraordinarios en el estadio, con un operativo conjunto entre el Servicio Secreto y la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA).
La TSA, organismo habitualmente encargado de la seguridad aeroportuaria en Estados Unidos, desplegó sus sistemas de escáner en los accesos al recinto, obligando a aficionados y periodistas a pasar por controles idénticos a los de cualquier aeropuerto del país.
La magnitud del dispositivo generó algunas complicaciones logísticas. Según pudo saber BBC Sport, un representante de los medios de comunicación fue redirigido a otra cola de acceso al no haber perros adiestrados disponibles para registrar el equipaje en su entrada asignada.
La afluencia de público también fue notablemente superior a la registrada en los siete partidos anteriores disputados en ese estadio, según confirmaron voluntarios del torneo. Las puertas se abrieron a las 11:00, hora local, cuatro horas antes del pitido inicial, y los organizadores fueron habilitando accesos adicionales de forma progresiva para aliviar la aglomeración de aficionados que llegaban con mucha antelación.
A pesar de las circunstancias excepcionales, no se esperaba ningún retraso en el inicio del encuentro ni alteración alguna en el desarrollo del partido.
Fuente original: BBC Sport Football