
José Mourinho ha firmado un contrato de tres años para regresar al banquillo del Real Madrid, en un movimiento que genera tanto expectación como interrogantes en el mundo del fútbol.
La filosofía del técnico portugués —la mentalidad de asedio, el enfrentamiento con los medios, la instrumentalización de los agravios externos— encaja a la perfección con el clima que Florentino Pérez ha cultivado durante años en el club. Un presidente que critica abiertamente a los árbitros, que considera que la prensa quiere destruirle y que La Liga favorece al Barcelona, ha encontrado por fin al entrenador que parece hecho a su medida.
La paranoia que recorre los pasillos del poder en el Bernabéu tendrá ahora representación directa en el banquillo. De hecho, su predecesor Arbeloa ya había abrazado esa misma visión del mundo futbolístico.
El vestuario madridista llega a esta nueva etapa completamente fracturado. Ha habido enfrentamientos entre jugadores, Vinicius Jr consiguió lo que buscaba con la destitución de Alonso, y Kylian Mbappé sigue sin encontrar su sitio en el club, donde parece un cuerpo extraño. Todo esto, sumado a una plantilla que termina una segunda temporada consecutiva sin conquistar ningún título de relevancia.
En ese escenario de caos llega un hombre conocido por su puño de hierro, su apellido legendario y su nula tolerancia ante cualquier muestra de insubordinación. Para un presidente que no logra controlar a sus propias estrellas, el atractivo de Mourinho resulta evidente.
Sin embargo, el deseo no es sinónimo de acierto. Y antes de que el madridismo celebre sin reservas la vuelta del "Special One", conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿cometerá los mismos errores que marcaron su primera etapa en el club?
Fuente original: BBC Sport Football