
Cuando afición y jugadores comparten una misma ilusión, el resultado puede ser explosivo. Así quedó demostrado tras la victoria de Estados Unidos ante Australia, cuando el equipo dirigido por Mauricio Pochettino recorrió el césped del Seattle Stadium para agradecer el calor de sus seguidores, quienes entonaron a pleno pulmón "Take Me Home, Country Roads", de John Denver, canción que ya apunta a convertirse en el himno oficioso de las celebraciones estadounidenses.
Las calles del centro de Seattle se inundaron de aficionados eufóricos que seguían coreando el nombre del técnico argentino horas después del pitido final. "Es nuestro Braveheart", declaró un seguidor. "Es el líder dispuesto a llevarnos a través de la lucha y el dolor hasta el final. Nos ha traído una era muy buena, sin complicaciones, con un juego directo y emocionante".
Otro hincha, aficionado del Tottenham durante 16 años, reconoció que el día en que Pochettino asumió el mando de la selección americana fue "un sueño hecho realidad". "¡Míranos ahora, él quiere ganarlo!", exclamó con orgullo.
En Los Ángeles, sede del último partido del grupo frente a Turquía, el entusiasmo era igualmente desbordante. "Incluso la gente que no sigue el fútbol está apoyando al equipo ahora mismo, es increíble", comentó un aficionado estadounidense del Arsenal, sin mostrar ningún reparo por la pasada vinculación de Pochettino con el Tottenham, eterno rival de los Gunners.
El mismo seguidor admitió que le duele la posibilidad de que el entrenador abandone el cargo tras el torneo: "Creo que todo lo que ha hecho es muy positivo. Me gusta. Pero me duele pensar que puede irse después de esto".
La filosofía ganadora de Pochettino ha calado hondo en una nación que históricamente ha mirado el fútbol con distancia. "Viene sin la política americana y solo quiere ganar. ¿Por qué no podemos hacerlo? ¿Por qué no nosotros?", se preguntó otro aficionado con convicción. Una pregunta que, partido a partido, va encontrando respuestas más creíbles.
Fuente original: BBC Sport Football