Ryunosuke Sato aterrizó en el Valencia envuelto en expectativas, y sus primeros compases con el conjunto che han respondido a ellas. En un equipo que ha incorporado pocos refuerzos este verano, el joven japonés de 19 años se ha convertido por defecto en la gran apuesta del club para la nueva temporada. Su golazo ante el Eldense en pretemporada fue una declaración de intenciones que encendió la ilusión de una afición hambrienta de nuevos referentes.
Sin embargo, el futuro inmediato del extremo nipón esconde una contradicción difícil de resolver. Cuanto mejor rinda sobre el césped del Mestalla, más probable será que la selección japonesa lo reclame para disputar la Copa Asia, torneo que se celebrará en Arabia Saudí entre enero y febrero de 2025. Japón arranca el once de enero frente a Indonesia, con la gran final programada para el cinco de febrero, y los nipones figuran entre los favoritos para alzarse con el título.
Esto significa que, si Sato cumple con lo que se espera de él, podría ausentarse durante aproximadamente mes y medio en plena fase decisiva del calendario del Valencia. Y ese hueco dolería especialmente porque la Copa del Rey multiplica la exigencia competitiva precisamente en esas fechas, cuando el entrenador Corberán necesita más profundidad en la plantilla.
La ironía es evidente: el buen rendimiento de Sato sería su propio pasaporte hacia la ausencia. El atacante, que se quedó a las puertas de disputar el último Mundial, no querrá perderse la cita continental con su país. El Valencia, por su parte, deberá afrontar una etapa crítica de la temporada sin quien apunta a ser su jugador más determinante. Una paradoja que resume a la perfección el delicado equilibrio entre las ambiciones individuales y las necesidades colectivas en el fútbol moderno.
Fuente original: Marca Fútbol