
En el universo de las finales de la Champions League, hay actuaciones que trascienden el tiempo y quedan grabadas en la memoria del fútbol europeo. Una de ellas pertenece a un jugador escocés que pocos esperaban protagonizar semejante hazaña.
Paul Lambert llegó al Borussia Dortmund como agente libre en 1996, en el mismo verano en que el estrella portuguesa Paulo Sousa aterrizaba en el club tras conquistar la Champions con la Juventus. Sin embargo, fue el centrocampista escocés quien se labró un lugar eterno en la historia del Westfalenstadion.
Dortmund eliminó al Manchester United en semifinales y se plantó en la final de Múnich de 1997 frente a la Juventus. A Lambert le encomendaron una misión titánica: marcar a un tal Zinedine Zidane, que en aquel entonces comenzaba a consolidarse como uno de los mejores jugadores del planeta.
El propio Lambert describió la dificultad de neutralizar al genio francés en una entrevista con The Guardian: "Lo de Zidane es que se escurre por tu espalda. Se aleja del balón, casi como tentándote. Pero el peligro no es el balón, es él". Y aunque reconoció que Zidane le superó en alguna ocasión, el escocés no le dio un centímetro durante prácticamente todo el partido.
Esa contención táctica fue la base sobre la que el Dortmund construyó una victoria por 3-1 ante los vigentes campeones. El trabajo de Lambert impresionó tanto a la directiva de la Juventus que ese mismo verano intentó ficharlo.
La anécdota más reveladora llegó años después, cuando el propio Zidane se cruzó con Lambert y le espetó asombrado: "¡Dios mío, ese partido!". Y Antonio Conte, excentrocampista de la Juventus, también le confesó sin rodeos: "Fuiste increíble".
Fuente original: BBC Sport Football
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