
La campaña de Inglaterra en el Mundial estuvo sostenida sobre dos pilares fundamentales: Harry Kane y Jude Bellingham. El capitán y el joven mediocampista firmaron 12 de los 14 goles ingleses en el torneo, seis cada uno, con Marcus Rashford y Anthony Gordon como únicos acompañantes en el marcador.
Thomas Tuchel se vio condicionado por los problemas físicos de Declan Rice y Bukayo Saka, dos futbolistas del Arsenal en los que confiaba plenamente. John Stones sigue siendo un defensa de nivel top, pero ya tiene 32 años, y el resto del equipo ofrece solidez antes que brillantez.
Inglaterra no tiene calidad repartida por todo el once como España o Francia, ni tampoco la mentalidad inquebrantable de Argentina, potenciada por la genialidad eterna de Messi. Su campaña ha dependido de momentos puntuales más que de actuaciones colectivas convincentes.
Ante el Congo, fue Kane quien rescató a los suyos con un doblete tardío cuando estaban perdiendo. Contra Noruega en cuartos, Bellingham volvió a aparecer como salvador con dos goles. Solo 30 minutos del segundo tiempo ante Croacia merecen ser catalogados como buen fútbol inglés en todo el torneo.
El propio Tuchel lo admitió: elogió la mentalidad del grupo pero criticó abiertamente la falta de calidad. También reconoció que controlar el juego con balón "no está en el ADN inglés" como sí lo está en el español, argentino o brasileño.
El dato más demoledor del Mundial llega en la semifinal: tras el gol de Gordon en el minuto 55, Inglaterra tuvo apenas el 12% de posesión hasta el tanto de Lautaro Martínez en el tiempo añadido. Un repliegue táctico que muchos compararon irónicamente con el conservadurismo que se le criticaba a Gareth Southgate.
Tuchel fue fichado precisamente para marcar la diferencia en los grandes momentos. Sin embargo, con Inglaterra ganando una semifinal mundialista, optó por el mismo refugio defensivo que hundió a sus predecesores. La Federación Inglesa ya ha agotado prácticamente todas las alternativas posibles.
Fuente original: BBC Sport Football