
La comparación entre Noruega y Escocia resulta inevitable, aunque hay que tener en cuenta que la presencia de Erling Haaland eleva considerablemente el nivel de los escandinavos. Sin él, el panorama noruego sería muy distinto.
Sin embargo, esta no es la primera vez que surge el paralelismo entre ambas selecciones. Hace apenas unos meses, el fútbol de clubes también ofreció un espejo en el que mirarse: el extraordinario ascenso del Bodø/Glimt acaparó la atención de toda Europa. El club del Círculo Polar Ártico se convirtió en el primer equipo noruego en alcanzar las semifinales de una competición europea de relevancia al enfrentarse al Tottenham Hotspur en la Europa League, y posteriormente logró superar la fase de grupos en su debut en la Champions League.
Pero este éxito no surgió de la noche a la mañana. El Bodø/Glimt arrancó desde cero en 2016 tras descender de la máxima categoría. Ahora recoge los frutos de un trabajo paciente y sostenido, centrado en la formación de talento local.
Ese modelo también impacta en la selección noruega. Solo cuatro jugadores del equipo nacional militan en la liga doméstica, tres de ellos en el propio Glimt. Veinticinco de los 26 internacionales se formaron en suelo noruego, siendo el centrocampista del Rangers Thelo Aasgaard, formado en la academia del Liverpool, la única excepción junto al propio Haaland.
En el caso escocés, el seleccionador Steve Clarke convocó a ocho jugadores de la Premiership escocesa, mientras que diez militaban en clubes de la Premier League o la Serie A. Siete de ellos ni siquiera realizaron su formación en Escocia.
Tras la dimisión de Clarke, muchos aficionados escoceses reclaman un cambio profundo en la selección. El ejemplo noruego, sin embargo, plantea una pregunta más ambiciosa: ¿es necesaria una transformación estructural aún más radical?
Fuente original: BBC Sport Football
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