
El ex jugador y ahora colaborador Andy Halliday no tiene dudas: Derek McInnes llega a Rangers para enfrentarse a una presión sin precedentes en su carrera como técnico. Aunque ha demostrado su valía en clubs como Aberdeen y Hearts, la exigencia implacable del banquillo de Ibrox es una categoría completamente diferente.
McInnes conoce el club desde dentro, pues fue jugador de Rangers y creció apoyando al equipo, pero aun así tendrá que ganarse a una parte del hinchaje que aún no está convencida de que sea el hombre capaz de devolver los grandes títulos a la entidad de forma consistente. Además, en el ámbito europeo es prácticamente una incógnita, habiendo dirigido únicamente en rondas clasificatorias, y deberá superar dos eliminatorias para alcanzar la fase principal de la Europa League, competición en la que Rangers ha brillado recientemente.
Los predecesores de McInnes en la etapa post-Gerrard han evidenciado dificultades para gestionar la presión doméstica. Beale cayó en Kilmarnock en su estreno, Clement empató ante Hearts el primer día de su primera temporada completa, y Martin arrancó con un empate ante Motherwell en agosto pasado. Un patrón inquietante que el nuevo técnico no puede permitirse repetir.
Tras la compra del club por un consorcio estadounidense y una inversión aproximada de 40 millones de libras la temporada pasada, los argumentos económicos ya no sirven como excusa. El estreno liguero llega este viernes ante Dundee United, y la victoria es obligatoria.
Rangers disputará seis partidos de liga antes del primer Old Firm de la temporada ante Celtic. Halliday lo tiene claro: "Ha habido demasiados casos en los que Rangers llegó al primer derbi sintiéndose obligado a ganar. Este año es imperativo que ganen todos los partidos previos." El margen de error es, sencillamente, inexistente.
Fuente original: BBC Sport Football